UNA FE ANCLADA Vivir la fe va más allá de nuestros esfuerzos o, quizás, de lo que solemos decir. El problema es que muchas veces vivimos la fe de manera incierta: una fe que no consulta a Dios ni se apoya en su Palabra. Por eso debemos preguntarnos con sinceridad: cuando decimos que “tenemos fe” , realmente, ¿a qué nos referimos? Creer en Dios es una cosa, pero creerle a Dios es otra. Nuestra fe debe ser objetiva y no un salto emocional al vacío. Es importante saber que Dios no nos llama a una fe que se apoya en nuestras fuerzas, deseos o sentimientos. Nos llama a una fe fundamentada en Él y en su Palabra. De otra manera: si Dios no lo dijo, yo no lo creo. Pero, si Dios lo dijo, allí debe estar anclada mi fe. Pensemos en Abraham, el padre de la fe. Dice la Escritura que Abraham “creyó a Dios, y le fue contado por justicia” (Gálatas 3:6). El simple hecho de observar esta porción bíblica nos invita a reflexionar que la fe de Abraham no se sostenía en un pensamiento ni en buenas in...
Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra. 2 Timoteo 3:16-17. Te compartimos contenido basado en la Biblia, sabiendo que ella es infalible, inerrante y todo suficiente para cada área en la vida del hombre. Nuestro deseo: desafiar, animarte y fortalecer tu vida.