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LA SOLEDAD

 



La soledad es uno de los dolores más silenciosos del corazón. A veces no depende de estar sin gente alrededor, sino de sentir que nadie nos ve, nadie nos entiende o nadie camina con nosotros.

En la Biblia se habla sobre la soledad, ya que muchos la atravesaron, como David. Él dijo: “No tengo refugio, ni hay quien cuide de mi vida” (Salmo 142:4, RV60). Aun hombres de Dios atravesaron momentos así; es un valle que a todos nos toca en ciertos momentos.

Pero la soledad no tiene la última palabra. El Señor promete: “No te desampararé ni te dejaré” (HB 13:5, RV60). Aunque a veces sintamos ausencia humana, nunca estamos abandonados por Dios. Él ve, conoce y permanece cerca del que sufre.

Sin embargo, Dios también nos llama a acompañarnos unos a otros. Romanos 12:15 dice: “Llorad con los que lloran”. Acompañar no siempre es tener respuestas; muchas veces es simplemente estar, escuchar, orar y sostener.

Jesús mismo hizo eso con los discípulos de Emaús: “Jesús mismo se acercó y caminaba con ellos” (Lucas 24:15, RV60). Qué imagen hermosa: Cristo acercándose al triste, no para apurarlo, sino para caminar a su lado.

Como iglesia y como creyentes, estamos llamados a vivir así. Gálatas 6:2 dice: “Sobrellevad los unos las cargas de los otros”. Hay cargas que no desaparecen de inmediato, pero se vuelven más llevaderas cuando alguien las comparte.

Quizá hoy te sentís solo. Recordá: Dios no te dejó. O quizá conocés a alguien que está solo. Entonces, tal vez el Señor te está llamando a acercarte.

A veces, el consuelo de Dios llega a través de una presencia fiel, una palabra sincera o una mano tendida. Que seamos personas que no solo hablen del amor de Dios, sino que lo encarnen acompañando al que sufre.

Bendecida semana. PP

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