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 CRÓNICA DE UN HÉROE INVISIBLE


Si hay algo que llama la atención en el Libro de Ester es que en ningún capítulo se nombra a Dios. Sin embargo, sus huellas están en cada página. Esa ausencia explícita es la enseñanza más grande del libro: Dios obra aunque no lo veamos, aunque no lo sintamos, aunque parezca que está en silencio.

Solemos olvidar con facilidad que Él sigue escribiendo nuestra historia cuando nosotros solo vemos caos. A través del libro notamos cómo una cadena de acontecimientos, en apariencia casuales, fue marcando el destino de Ester, Mardoqueo y de todo el pueblo de Dios. Es significativo pensar en lo siguiente: nada de lo que nos sucede (bueno o malo) escapa a sus planes y propósitos. Dios obra de forma constante, continua y permanente, aunque no entendamos sus formas.

No fue casualidad que Vasti fuera destituida para que Ester ocupara su lugar en el momento preciso (cap. 1). No fue casualidad que Mardoqueo escuchara la conspiración contra el rey y tuviera acceso a revelarla (caps. 2 y 3). Tampoco fue casualidad que, una noche de insomnio, el rey se diera cuenta de que se olvidó de honrar a quien le había salvado la vida (cap. 6).

Esta historia parece una novela con giros inesperados, pero al final vemos el hilo conductor: cada hecho tuvo sentido para preservar al pueblo y, con él, el linaje del Salvador, Jesucristo, que muchos años después se iba a revelar al mundo tomando forma de hombre y entregando su vida para dar salvación a la humanidad. ¡Gloria a Dios por todo lo que hace!

Según la historia, cuando parecía que los judíos iban a ser exterminados, fue la mano del Señor la que movió los hilos detrás del telón. Él controla todas las cosas y actúa en momentos precisos para cambiar el rumbo. Transforma la noche más oscura en un cielo reluciente, el dolor y el sufrimiento en gozo y alegría. Así fue como lo describió Mardoqueo en la carta que envió a su pueblo:

“...el mes en que la tristeza y los gritos de dolor se cambiaron para ellos en alegría y fiesta” Ester 9:22 DHH

Como hijos de Dios vivimos situaciones difíciles de explicar y sobrellevar. Hay temporadas donde los eventos nublan nuestra mirada y hacen que dudemos hasta de su existencia. Pero su gobierno es soberano y su voluntad se cumplirá siempre. La historia de Ester nos recuerda que la fe no depende de sentimientos, sino de confiar en que Él ya está trabajando aunque no lo veamos. Ante nuestra mirada pasiva, Dios se mueve activamente.

Cuando pensemos que Dios no está presente o dudemos de su intervención, recordemos que estamos llamados a aprender a confiar en su obrar sobrenatural aun en lo cotidiano o insignificante. A veces es un detalle mínimo, una puerta que se abre o quizás se cierra, una persona que aparece en el momento justo. Nada es casualidad. Es Dios, el Héroe Invisible, que muestra su favor y providencia para hacerse visible y recordarnos, una vez más, que nuestra fe debe estar anclada en Él.

Ánimo, sigamos confiando.

Pr. Denis.

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