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LA PRUEBA DE VUESTRA FE

 


"...sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia." (Santiago 1:3)


No hay dudas de que las pruebas de la vida son como asignaturas divinas que Dios permite que atravesemos para animar y fortalecer nuestra fe.

Santiago, al escribir su carta, inicia con esta verdad para recordarle al pueblo de Dios que las pruebas tienen un fin especial para el creyente. No se trata de tener gozo por atravesar pruebas. Se trata de entender que ellas producen paciencia, y es por esa causa que debemos gozarnos. El verdadero gozo no está en atravesar pruebas, sino en el resultado que Dios espera de ellas en sus hijos: paciencia.

La paciencia es el fruto de una fe probada. Es la evidencia de que Dios está obrando desde lo más profundo de nuestro ser para hacernos crecer y madurar. La paciencia es una fe activa; es creer mientras esperas y confiar aun cuando parece que Dios trabaja en silencio.

La palabra "paciencia" que usa Santiago viene del griego hupomone. Esta palabra no describe una espera pasiva, sino el "sufrir sin rendirse". Mientras esperamos bajo el fuego de la prueba, Dios moldea nuestro carácter y nos transforma a la imagen de su Hijo, quien es el ejemplo de paciencia y sufrimiento, y el autor y consumador de la fe.

En la serie de la fe que estamos desarrollando vemos que Abram fue llamado por Dios, pero su fe va a ir creciendo a medida que atraviesa diferentes tipos de pruebas y situaciones. Cada etapa, cada desierto, cada espera, cada error lo llevaba a depender más y más de Dios.

Esta historia nos recuerda que la fe se mantiene viva mientras es probada, y que todo lo que nos pasa de este lado de la eternidad Dios lo usa para modelar nuestro carácter.

Lo importante en estos tiempos es entender que el mismo Dios que nos llamó y permite las pruebas es el mismo que nos sostendrá. Crecemos en fe cuando vamos a nuestro altar personal a buscar renuevo, ánimo y fortaleza, que solo provienen de Aquel que sabe cómo está nuestro corazón en tiempos de crisis.

Las pruebas son temporales, pero los resultados son eternos.


Bendecida semana.


Pr. Denis

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