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Mostrando entradas de agosto, 2026
GRACIAS A DIOS POR VOS   “Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de vosotros, siempre en todas mis oraciones rogando con gozo por todos vosotros, por vuestra comunión en el evangelio, desde el primer día hasta ahora.” FIL. 1:3–5 Cuando Pablo pensaba en la iglesia de Filipos, su primera reacción era dar gracias a Dios, no porque aquella iglesia fuera perfecta, sino porque podía reconocer la obra de Dios en personas concretas que compartían una misma fe y una misma misión. La iglesia es mucho más que actividades o una reunión semanal de domingo; es un cuerpo formado por muchos miembros, y cada uno tiene un lugar. Pablo lo expresa claramente: “Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular” (1 CO. 12:27). Por eso, hoy es un buen día para agradecer. Gracias a Dios por el Pr. Denis, que lleva gran parte de la carga de la Iglesia; por los obreros que sirven con responsabilidad y perseverancia dentro de la Iglesia, fuera de la Iglesia y otros en lugares...
 DIOS, SATANÁS Y EL HOMBRE El huerto del Edén no solo era un lugar perfecto y santo, era un lugar de comunión. Todo estaba en orden hasta que Satanás, la serpiente antigua, con sus adulaciones contra la Palabra de Dios, convence a la mujer de comer del fruto que daba el árbol del cual Dios había prohibido comer. Recordar estos sucesos iniciales nos muestra por lo menos 3 patrones que, a lo largo de la historia, se han de repetir. 1- El objetivo de Satanás es tentar al hombre. 2- El hombre, por causa de su pecado, se esconde de Dios. 3- Dios busca al hombre pecador. Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? 10 Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí. Gn. 3:9-10 En primer lugar, este Libro nos anticipa una guerra espiritual que atenta contra nuestra alma y, como bien nos exhorta el apóstol Pablo, son maquinaciones del maligno que “no debemos de ignorar” (2 Cor. 2:11). Por eso, es oportuno tomar conciencia de que Sat...
 REENFOCANDO EL CORAZÓN EN DIOS Hebreos 12:2 — “Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe”. Durante estas semanas venimos meditando en El camino de la fe , mirando la vida de Abraham. Y si hay un capítulo del Nuevo Testamento que muchos relacionamos con la fe, seguramente es Hebreos 11, esa gran lista de hombres y mujeres que creyeron a Dios p ero después de mostrarnos esos ejemplos, Hebreos 12 nos lleva a lo más importante: poner los ojos en Jesús . Creo que eso es algo que necesitamos hacer una y otra vez porque el corazón se nos desenfoca fácil. Las preocupaciones, las urgencias, el dolor, las decisiones, las demoras y los temores muchas veces terminan ocupando un lugar demasiado grande dentro nuestro. Por eso necesitamos volver a mirar al Señor; no a nuestras fuerzas, no a nuestras emociones, no al tamaño del problema, sino a Cristo, el que inició y sostiene nuestra fe. Reenfocarnos en Dios no significa negar la realidad, significa mirar lo que vivimos desde su ...
MARCAS DE UNA VIDA EN LA FE   Desde la cárcel y con cadenas en sus manos, pero inspirado por el Espíritu Santo, el apóstol traza sus últimas líneas a Timoteo sobre lo más importante de su vida: el ministerio de la fe. Y antes de culminar su carta, resume tres grandes marcas de su peregrinaje con Cristo, las cuales hoy podemos recordar brevemente. Pablo dice acerca de su vida en la fe: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.” 2 Timoteo 4:7 1. He peleado la buena batalla: Hay que luchar cada día. Nuestro adversario, el diablo, la carne y el mundo, son nuestro frente de batalla, que tienen por objetivo quebrantar y doblegar nuestra fe. Esta batalla es buena y digna de pelearla porque el premio es Cristo. 2. He acabado la carrera: Debemos aprender que esta carrera no es una competencia. Dios no aplaude a quien llega primero. Es una carrera de resistencia, donde nuestra meta es permanecer en Cristo sin habernos rendido. 3. He guardado la fe: Nuestro mayor...
UNA FE ANCLADA   Vivir la fe va más allá de nuestros esfuerzos o, quizás, de lo que solemos decir. El problema es que muchas veces vivimos la fe de manera incierta: una fe que no consulta a Dios ni se apoya en su Palabra. Por eso debemos preguntarnos con sinceridad: cuando decimos que “tenemos fe” , realmente, ¿a qué nos referimos? Creer en Dios es una cosa, pero creerle a Dios es otra. Nuestra fe debe ser objetiva y no un salto emocional al vacío. Es importante saber que Dios no nos llama a una fe que se apoya en nuestras fuerzas, deseos o sentimientos. Nos llama a una fe fundamentada en Él y en su Palabra. De otra manera: si Dios no lo dijo, yo no lo creo. Pero, si Dios lo dijo, allí debe estar anclada mi fe. Pensemos en Abraham, el padre de la fe. Dice la Escritura que Abraham “creyó a Dios, y le fue contado por justicia” (Gálatas 3:6). El simple hecho de observar esta porción bíblica nos invita a reflexionar que la fe de Abraham no se sostenía en un pensamiento ni en buenas in...