UNA FE ANCLADA
Vivir la fe va más allá de nuestros esfuerzos o, quizás, de lo que solemos decir.
El problema es que muchas veces vivimos la fe de manera incierta: una fe que no consulta a Dios ni se apoya en su Palabra. Por eso debemos preguntarnos con sinceridad: cuando decimos que “tenemos fe”, realmente, ¿a qué nos referimos?
Creer en Dios es una cosa, pero creerle a Dios es otra. Nuestra fe debe ser objetiva y no un salto emocional al vacío.
Es importante saber que Dios no nos llama a una fe que se apoya en nuestras fuerzas, deseos o sentimientos. Nos llama a una fe fundamentada en Él y en su Palabra. De otra manera: si Dios no lo dijo, yo no lo creo. Pero, si Dios lo dijo, allí debe estar anclada mi fe.
Pensemos en Abraham, el padre de la fe.
Dice la Escritura que Abraham “creyó a Dios, y le fue contado por justicia” (Gálatas 3:6).
El simple hecho de observar esta porción bíblica nos invita a reflexionar que la fe de Abraham no se sostenía en un pensamiento ni en buenas intenciones. Su fe se sostuvo en una sola cosa: la palabra que Dios le había dado cuando lo llamó.
Dios habló, Abraham creyó. Y, desde ese momento, todo cambió y comenzó una nueva vida en las manos y los planes de Dios.
Cuando decimos que “tenemos fe” o “que nos movemos en fe”, es bueno detenernos y hacernos la siguiente pregunta:
¿Estoy accionando en fe porque Dios habló, o estoy accionando por mi cuenta y solo espero que Dios respalde lo que ya decidí?
Abraham no se movió por intuición, tampoco por emoción. Se movió porque, primeramente, Dios le había hablado. Y, si Dios habla, podemos estar seguros de que Él cumple su palabra; recién ahí podemos movernos en fe. Por eso, la fe genuina es aquella que, primeramente, se apoya en lo que Dios dice y se mueve en obediencia. No es creer y quedarse quieto. Es creer y caminar.
Génesis 12:4: “Y se fue Abram, como Jehová le dijo”.
Génesis 12:4 (NVI): “Abram partió, tal como el SEÑOR se lo había ordenado”.
Como hijos de Dios, en estos tiempos estamos llamados a seguir confiando y creyendo en todo lo que Dios dice en su Palabra. No vivamos de emociones ni de suposiciones huecas. Vivamos de sus promesas y anclemos nuestra fe en ellas.
Así como Abraham, confiemos en obediencia a su voz y avancemos hacia sus propósitos.
“Dios delante, nosotros detrás y una fe anclada que nos sostiene hasta llegar a la meta”.
Bendecida semana.
Pr. Denis

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