ESCALÓN NO ALCANZADO.
LA FRUSTRACIÓN
“Maestro, toda la noche hemos estado trabajando y nada hemos pescado” - LC 5:5.
En el relato de hoy encontramos a Pedro, un experimentado pescador, lavando las redes luego de una larga noche de trabajo sin resultados; sin lugar a dudas, eran horas de frustración.
Pedro no estaba frustrado por perezoso; la frustración muchas veces nos alcanza no por falta de esfuerzo, sino porque hicimos todo lo que sabíamos hacer y, aun así, no vimos resultados.
La frustración es esa sensación de malestar, enojo, tristeza o impotencia que aparece cuando lo que deseo, espero o intento no sale como quería, en el tiempo deseado. La frustración duele porque nos muestra la distancia entre lo que queríamos ser y lo que todavía somos.
Algo importante a destacar: Dios no desprecia al que todavía está luchando con el escalón no alcanzado. A veces pensamos que Dios solo se agrada cuando damos grandes saltos, cuando cambiamos rápido, cuando mostramos resultados visibles. Pero muchas veces la obra de Dios no se parece a un salto, sino a un proceso. No siempre es una escalera corrida; a veces es detenerse, respirar, aprender, llorar, volver a intentar y descubrir que Dios sigue ahí.
La frustración puede ser peligrosa si nos encierra en la culpa, pero puede ser útil si nos lleva a depender más de la gracia. Tal vez ese escalón que hoy no subís te está mostrando que no necesitás solo más fuerza de voluntad; necesitás más comunión, más humildad, más dependencia de Cristo.
Dios no está midiendo solamente cuán alto subiste; también ve que seguiste mirando hacia arriba. Ve tu deseo de cambiar, ve tu cansancio, ve tus lágrimas y ve tu intento de volver a empezar. Y cuando vos decís: “Señor, no puedo”, Él no responde: “Entonces no servís”; Él dice: “Intentalo de nuevo”.
Quizás hoy no subiste el escalón completo; pero si volviste a Dios, si no te rendiste, si reconociste tu necesidad, entonces la gracia ya está obrando en vos.
¿Qué escalón me está costando subir hoy?
¿Estoy mirando mi frustración desde la culpa o desde la gracia?
¿Qué paso pequeño puedo dar hoy con la ayuda de Dios?
En este día, en la semana, cuando enfrentes ese sentimiento, esa lucha o carga por lo no alcanzado, no bajes los brazos. Recordá que Dios no desprecia al que avanza lento, sino al que decide rendirse lejos de Él.
De la misma manera que Jesús desafió a Pedro a volver a intentarlo, hoy te desafía a intentarlo con Él; que podamos, como Pedro, echar las redes otra vez.
Bendecida semana. PP

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