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 REENFOCANDO EL CORAZÓN EN DIOS


Hebreos 12:2 — “Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe”.


Durante estas semanas venimos meditando en El camino de la fe, mirando la vida de Abraham. Y si hay un capítulo del Nuevo Testamento que muchos relacionamos con la fe, seguramente es Hebreos 11, esa gran lista de hombres y mujeres que creyeron a Dios p ero después de mostrarnos esos ejemplos, Hebreos 12 nos lleva a lo más importante: poner los ojos en Jesús.

Creo que eso es algo que necesitamos hacer una y otra vez porque el corazón se nos desenfoca fácil. Las preocupaciones, las urgencias, el dolor, las decisiones, las demoras y los temores muchas veces terminan ocupando un lugar demasiado grande dentro nuestro.

Por eso necesitamos volver a mirar al Señor; no a nuestras fuerzas, no a nuestras emociones, no al tamaño del problema, sino a Cristo, el que inició y sostiene nuestra fe.

Reenfocarnos en Dios no significa negar la realidad, significa mirar lo que vivimos desde su presencia. Es recordar que Dios sigue siendo fiel cuando estamos cansados, que sigue guiando cuando no vemos todo el camino, y que sigue obrando aun cuando todavía no vemos resultados.

A veces reenfocarnos será orar antes de decidir, otras veces será volver a la Palabra cuando la ansiedad habla fuerte y otras será simplemente detenernos y decir: “Señor, no quiero que esta situación ocupe el centro que solo te pertenece a vos.”

El corazón se desenfoca fácilmente, pero también puede volver a Dios una y otra vez. Por eso nuestra oración puede ser tan sincera como aquella de Marcos 9:24: “Creo; ayuda mi incredulidad.”

Hoy, antes de mirar lo que falta, miremos al Señor.

Antes de dejarnos dominar por el temor, volvamos a Cristo.

Antes de rendirnos al cansancio, recordemos que Dios está presente.

Como dice aquel antiguo himno: “Firmes y adelante, huestes de la fe.” Firmes y adelante como pueblo de Dios; no porque el camino sea fácil, sino porque Cristo va delante y sostiene nuestro caminar.


Bendecida semana. PP



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