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 SIN PENDIENTES


Estos días y los eventos que han pasado muy cerca nuestro han llevado a reflexionar sobre la importancia de estar preparados y sin pendientes.

Si bien las palabras escritas en el libro de Amós van dirigidas al pueblo de Israel, hay un principio espiritual que aplica a nuestras vidas:

AMOS 4:12 - “Prepárate para venir al encuentro de tu Dios”.

No es una amenaza vacía, sino una invitación urgente. Vivimos como si siempre hubiera tiempo: tiempo para perdonar, tiempo para pedir perdón, tiempo para ordenar la vida, tiempo para volver a Dios, tiempo para soltar aquello que sabemos que no está bien.

Jesús contó la parábola de las diez vírgenes que esperaban al esposo. Cinco estaban preparadas y cinco no. Cuando llegó el momento, algunas quisieron arreglar a último minuto lo que debían haber preparado antes. Pero la puerta se cerró.

MT 25:13 - “Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora”.

Estar preparados no significa vivir con miedo, sino vivir despiertos. No significa ser perfectos, sino vivir reconciliados con Dios. No significa tener todo resuelto humanamente, sino no vivir postergando lo esencial.

Hay pendientes que pesan: una conversación que evitamos, un pecado que justificamos, una obediencia que venimos demorando, una relación que necesita cerrarse, una fe que se enfrió, una decisión que Dios nos viene marcando hace tiempo.

El problema de los pendientes es que uno se acostumbra a convivir con ellos. Pero lo que hoy parece pequeño, mañana puede convertirse en una distancia enorme entre nuestro corazón y Dios.

Prepararnos para el encuentro con Dios es vivir cada día preguntándonos:

“Señor, si hoy me llamaras a tu presencia, ¿hay algo que debería arreglar?”

No para caer en culpa, sino para caminar en paz.

El creyente no espera la muerte como quien teme un juicio incierto, sino como quien sabe que Cristo ya abrió el camino. Pero justamente porque Cristo nos salvó, no debemos vivir livianos, distraídos o indiferentes.

Hoy es un buen día para dejar pendientes en la cruz. Para pedir perdón, para perdonar, para volver, para obedecer, para ordenar el corazón.

Porque el encuentro con Dios no se improvisa: se espera con una vida rendida.

Bendecida semana.

PP

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