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 ¡A TODA H...ORA!


“Tarde y mañana y a mediodía oraré y clamaré, y Él oirá mi voz.” Salmo 55:17

Una de las mayores expresiones de confianza del creyente hacia Dios es orar en todo tiempo y en toda situación. Este canal de sintonía nos permite estar permanentemente conectados con Dios.

El salmista, en medio de una situación bastante crítica de su vida y luego de expresar un sinfín de sensaciones en su corazón que lo estaban sacudiendo, vuelca su pensamiento y toma la decisión de estar en comunión continua con el Señor por medio de la oración. (Si lees el contexto del versículo, es como que David se habla y se dice estas palabras a sí mismo).

A veces, en nuestra vida, no encontramos el rumbo o la solución a lo que nos sucede. Y, entre tanta búsqueda de respuestas, es importante llevarlas al Señor en oración y esperar en oración (sí, entregar y esperar en oración). Quizás te resulte algo extraño, pero, pensando y siendo honestos, hemos aprendido a dejar las cargas en oración; pero, mientras esperamos, no estamos en oración. De cierta manera, y en forma práctica, intento decir que, una vez que dejamos nuestras cargas al Señor, es como que nos quitamos la mochila y le dejamos el problema a Él, y nuestra actitud es: “ya está”. Queremos sentir el alivio de hacer lo que sabemos hacer, pero no estamos dispuestos a seguir orando por esa necesidad mientras estamos en “modo espera”.

David nos invita a pensar en la importancia de la oración continua, persistente y fervorosa que un hijo de Dios puede practicar. La perseverancia en la oración es la insistencia continua de una plegaria que necesita estar regada por oraciones que confían plenamente en que Dios obrará para nuestro bien.

Cuando seguimos orando, habiendo orado, estamos preparando nuestro corazón para recibir su respuesta, independientemente de si es negativa o favorable. La oración continua va más allá de hacer oraciones religiosas que muchas veces son palabras repetidas. La oración continua es una herramienta de fe que nos permite gozarnos con nuestro Dios al descubrirlo en las etapas del día.

Déjame decirte algo: Dios no se cansa de escuchar tus oraciones. No tiene ciertos horarios o días para que le hablemos, ni mucho menos tiene límites de tiempo o de palabras que podamos entregarle. Su escucha es continua y siempre seremos bien recibidos por Aquel que nos da acceso ilimitado al trono de su gracia.

Busca su corazón en oración ahora, por la tarde y por la noche. ¡Él te oirá!

Bendecida semana,

Pr. Denis.

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