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VIVIENDO LA PALABRA


“Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.” Santiago 1:22


La semana pasada terminamos una serie de reflexiones en 1 Tesalonicenses. Durante más de un mes leímos y reflexionamos que Dios quiere formar una iglesia viva: una iglesia con fe que obra, amor que trabaja, esperanza que sostiene, vínculos sanos, cuidado mutuo, santidad y una mirada despierta, esperando al Señor.


Es importante destacar que el desafío no termina cuando termina una lectura. La Palabra de Dios no fue dada solo para ser leída, escuchada, comentada o compartida; fue dada para ser recibida con fe y obedecida en la vida diaria.


Santiago nos recuerda que podemos engañarnos a nosotros mismos si solo oímos la Palabra, pero no la ponemos en práctica.


Una iglesia viva no es la que simplemente escucha buenos mensajes, sino la que deja que Dios le ordene el corazón. Es una iglesia que permite que la Palabra corrija su manera de hablar, su forma de tratar a los hermanos, sus prioridades, sus decisiones y su servicio.


Por eso, después de haber leído 1 Tesalonicenses, no debemos preguntarnos solamente: «¿Qué aprendimos?», sino también: «¿Qué vamos a vivir?». Si Dios nos habló sobre la fe, caminemos con más confianza. Si nos habló sobre el amor, amemos con hechos. Si nos habló sobre la esperanza, no vivamos como quienes no tienen futuro. Si nos habló sobre la santidad, ordenemos lo que haga falta ordenar.


La Palabra sigue actuando en los creyentes cuando encuentra corazones humildes, obedientes y dispuestos. Te invito a que elijas una verdad que Dios te mostró y la transformes en una acción concreta de obediencia.


Bendecida semana.


PP

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