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VASOS DE BARRO


 “Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros”. 2 Co 4:7

Vivimos en una cultura donde se valora lo que impresiona a los ojos; se admira lo que parece poderoso, fuerte, capaz y exitoso. Sin embargo, el Reino de Dios se manifiesta de una manera muy diferente a la lógica humana; el obrar de Dios va en otra dirección.

En el pasaje de hoy, el apóstol usa una imagen sencilla, pero profundamente significativa para describir la vida del creyente.

En la antigüedad, los vasos de barro eran recipientes comunes; no eran valiosos como el oro o la plata. Eran frágiles y se rompían con facilidad; sin embargo, se utilizaban para guardar cosas importantes, como agua, aceite o alimentos.

Con esta ilustración, Pablo enseña una verdad espiritual profunda:

DIOS HA DECIDIDO COLOCAR UN TESORO ETERNO DENTRO DE RECIPIENTES FRÁGILES.

El tesoro es el evangelio, la vida de Cristo y el poder de Dios obrando; el recipiente somos nosotros: personas limitadas, imperfectas y débiles. Esto nos recuerda que la obra de Dios no depende de nuestra perfección o capacidad, sino de su poder manifestándose en medio de nuestra debilidad.

Dios, pudiendo elegir “vasos más honrosos” o hasta ángeles, escogió hombres y mujeres limitados y frágiles como vos y yo para ser portadores de su gloria.

No olvidemos que el tesoro es Él. Si estás en medio de tiempos de debilidad o fragilidad, no hay nada mejor que reconocerlo y dejar que Él se muestre con poder; nuestras debilidades rendidas son terreno fértil para el obrar de Dios.

Bendecida semana.

PP.

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