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EL PERDÓN DEL EVANGELIO


 Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados. Isaías 43:25

Recientemente culminamos la lectura del libro de Romanos y uno de los temas que atraviesa la epístola es la naturaleza contaminada por el pecado que tiene toda la humanidad.

Es importante pensar que el evangelio se encuentra en prácticamente toda la Biblia y, así como hoy nosotros luchamos con nuestro pecado, el pueblo de Dios también lo hizo. La rebelión humana, de cierta manera, es moneda corriente ante la santidad de Dios y la manera de entender nuestra salvación está enraizada en comprender lo que Él ha hecho y hace por su pueblo.

El perdón de Dios es muy fácil de recibir, pero muy difícil de describir y diría hasta de aceptar. Muchas veces, como creyentes, ante nuestras fallas tenemos la tendencia a recordar mucho nuestro pasado y/o nuestros pecados. Pedimos perdón a Dios con sinceridad, pero en ocasiones ni siquiera nosotros nos perdonamos y nuestra mente está recordando una y otra vez nuestro pecado (ya confesado), que nos inquieta y no nos deja vivir en paz.

Entiendo que es un tema muy delicado; por ende, quiero aclararte que Dios nos perdona cuando nos arrepentimos de corazón, pero que esta verdad no es una licencia para seguir pecando. Este argumento Pablo lo esclarece de la siguiente manera: “¿Qué concluiremos? ¿Vamos a persistir en el pecado para que la gracia abunde? ¡De ninguna manera! Nosotros, que hemos muerto al pecado, ¿cómo podemos seguir viviendo en él?” Romanos 6:1-2 NVI

El texto de hoy nos recuerda una de las perlas del evangelio, y es que Dios borra nuestros pecados y, en consecuencia, no se acuerda más de ellos.

El Dios que puede juzgarnos o acusarnos ha determinado tener este corazón con su pueblo. Dios nos mira con amor y no con prejuicios.

Él, en su amor, decide olvidar nuestras rebeliones y, de esa manera, darnos la seguridad para poder vivir con una conciencia correcta ante su gran perdón. Él, en su obra maravillosa, ha perdonado nuestros pecados pasados, presentes y futuros, y realmente esta verdad es un asombro.

¿Puedes ver su gracia? Piensa en esto: ¿Quién estaría dispuesto a perdonar tus pecados aun sabiendo que seguirás pecando? Esto solo lo puede hacer un Dios que ama de verdad, de manera incondicional a su pueblo, y por amor lo hará perseverar hasta el fin de los tiempos sin cambiar su amor. ¡GLORIA A DIOS!

Si Dios perdona y olvida tus pecados, hoy nosotros podemos hacer lo mismo.

Aunque sus pecados sean como el rojo más vivo, yo los dejaré blancos como la nieve; aunque sean como tela teñida de púrpura, yo los dejaré blancos como la lana. 

Isaías 1:18 DHH

Bendecida semana,

Pr. Denis.

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