GUIADOS POR EL ESPÍRITU
La nueva vida en Cristo comienza en el momento de la conversión. Cuando el poder del evangelio es predicado, tenemos la seguridad bíblica de que Dios ha salvado, perdonado y transformado a esa vida que se rinde al evangelio.
El efecto primario es la nueva identidad que Dios otorga por medio de su Espíritu Santo, quien actuó como agente de conversión (S. Jn 16:8), y de forma simultánea es una seguridad de su morada en el nuevo creyente, y así sellarlo como una garantía hasta el tiempo en que Jesucristo venga por su Iglesia (Ef. 1:13-14).
La guía y obra del Espíritu es fundamental para vivir como Dios espera que vivamos, y según el contexto del versículo, es el Espíritu quien nos da el poder de vencer la carne y hacer morir sus obras. Este poder no es nuestro, es dado por el Espíritu, y cuando nuestra vida espiritual se encuentra bajo la dirección y control del Espíritu somos guiados a vivir una vida de piedad, santidad y devoción.
Esta nueva manera de vivir se va perfeccionando de forma progresiva. No somos perfectos, pero el Espíritu Santo tiene el fin de modelar nuestras vidas conforme a la imagen de Cristo.
Por eso, el objetivo de todo creyente, cada día, debe ser depender del Espíritu (Ef. 5:18-20) en todos los aspectos de su vida y en todas las áreas internas de su corazón. Esta dependencia está basada en someter nuestra carne a la Palabra de Dios y dejar que ella gobierne nuestra mente para limpiarla y purificarla (Col. 3:16 / Ef. 5:25-26), ya que una mente limpia es sinónimo de una mente renovada que siempre buscará glorificar a Dios, haciendo su voluntad y rindiendo su vida en adoración en un sentido práctico y cotidiano (Ro. 12:1-2).
Lo más maravilloso de estas verdades es que todos los hijos de Dios estamos en el mismo proceso de santificación, y como familia de la fe nos necesitamos para seguir avanzando, creciendo y madurando. Amado hermano, no estás solo en esta carrera.
Es posible que en ocasiones deseemos abandonar o tirar la toalla, pero Dios nos ha dado hermanos para confiarles nuestras cargas y debilidades, y así ser sostenidos y fortalecidos por ellos (Gal. 6:2).
La nueva identidad en el Espíritu requiere vida de Iglesia (Heb. 10:24-25), comunión, cercanía y ayuda mutua que nos permite aprender de otros hermanos que también son guiados por el mismo Espíritu para poder edificarnos unos con otros por medio del evangelio. El Espíritu nos une al cuerpo de Cristo y desde allí, por medio de su guía, podremos crecer como miembros, cultivando una comunidad que corre codo a codo, en unidad, armonía y amor.
Si tienes al Espíritu Santo, eres parte del cuerpo de Cristo y tienes una gran responsabilidad en tu Iglesia local con tu hermano.
Bendecida semana,
Pr. Denis.

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