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EL DÍA DESPUÉS

 

Hemos recordado en estos días la muerte y resurrección de Jesús, pero hoy quiero detenerme en un punto que me hizo reflexionar: habiendo realizado su obra completa al morir y resucitar, ¿por qué habrá demorado el ir a encontrarse con su Padre de manera inmediata? Leemos en Hch. 1:3:

RV60: “a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios”.

Sin lugar a dudas, para sus discípulos la muerte de Jesús fue un evento traumático, y aún más la noticia de su resurrección; pero el “día después” Jesús no desapareció, sino que siguió cercano, trabajando en sus corazones.

Los discípulos estaban escondidos por temor a los judíos, y Jesús se hace presente diciéndoles: “Paz a ustedes” (Jn. 20:19); Tomás estaba lleno de incredulidad, pero Jesús volvió a mostrarse, dándole una nueva oportunidad de creer (Jn. 20:28); dos iban de camino hablando del aparente fracaso, y Jesús se mostró para recordarles su promesa (Lc. 24); Pedro había vuelto a pescar luego de su fracaso, y hasta ese mismo lugar fue el Jesús resucitado para restaurar su vida (Jn. 21).

Durante cuarenta días, luego de resucitar, siguió obrando en la vida de aquellos hombres y mujeres, sacando temores, sanando el corazón, fortaleciendo, restaurando, reorientando y avivando su fe.

El “día después” Jesús siguió obrando. Él no solo fue a la cruz, murió y resucitó, sino que luego estuvo el tiempo necesario obrando en los suyos hasta dejarles propósitos claros.

En nuestros “días después”, Jesús sigue obrando; y aunque ahora está con el Padre, no nos ha dejado solos, sino que tenemos al Espíritu Santo que nos acompaña en medio de nuestro día a día.

Al enfrentar esta semana, recuerda: Jesús venció y no te ha dejado solo.

Bendecida semana. PP

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