NO NOS CANSEMOS DE HACER EL BIEN
Gálatas 6:9: «No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos».
Hay momentos en los que el cansancio va más allá de lo físico. Nos cansamos de enfrentar dificultades, de intentar hacer las cosas bien, de servir, de ayudar y de no ver los resultados que esperamos. A veces seguimos adelante, pero por dentro sentimos que las fuerzas se van terminando.
El apóstol Pablo nos deja en este versículo tres enseñanzas que necesitamos recordar, especialmente cuando el cansancio comienza a ganar lugar en nuestra vida.
1. «No nos cansemos, pues, de hacer bien».
Pablo sabe que podemos cansarnos. Hacer lo correcto, amar, ayudar y servir requiere perseverancia, especialmente cuando las dificultades se prolongan o sentimos que nuestro esfuerzo no produce resultados. Sin embargo, el cansancio no debe llevarnos a abandonar una vida de obediencia al Señor.
2. «Porque a su tiempo segaremos».
No siempre veremos inmediatamente los frutos de lo que hacemos. Muchas veces quisiéramos respuestas rápidas, cambios concretos o resultados visibles. Pero Pablo nos recuerda que hay un tiempo para sembrar y otro para cosechar. La promesa nos anima a confiar en Dios y a perseverar, aun cuando todavía no vemos los frutos.
3. «Si no desmayamos».
Desmayar es perder el ánimo hasta abandonar el camino; es dejar que las dificultades y el desgaste terminen venciendo nuestra decisión de seguir adelante. Pablo nos anima a no rendirnos y a permanecer firmes en una vida guiada por el Espíritu.
Quizás hoy estés cansado. Tal vez venís sosteniendo responsabilidades, atravesando dificultades o haciendo un esfuerzo que pocos conocen. Pero hay un punto importante para destacar hoy: «Estar cansado no significa estar vencido».
Hay momentos en los que necesitamos descansar, buscar nuevas fuerzas en el Señor y dejarnos acompañar por nuestros hermanos. No permitamos que las dificultades apaguen nuestro amor, que la falta de resultados nos robe el ánimo o que el desgaste nos lleve a dejar de hacer el bien.
Sigamos adelante, confiando en el Señor y dependiendo de su Espíritu, no porque el camino sea fácil, sino porque vale la pena permanecer fieles a Aquel que nos llamó.
Y si hoy las fuerzas parecen faltar, recordemos: Dios no nos llama a caminar solos ni a depender únicamente de nuestras fuerzas.
No nos rindamos.
¡Bendecida semana!
PP

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