EN EL DÍA DE LA ANGUSTIA
«Jehová es bueno, fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían». Nahum 1:7
En ciertos momentos me ha tocado experimentar angustia, y, por cierto, cuando ella quiere habitar en el alma, puede provocar un gran desmoronamiento espiritual. Luchar contra este sentimiento que abate el alma es un gran desafío interno, en el que vamos aprendiendo a dejar todo en las manos de Dios y a desprendernos de nuestro control.
Según el Diccionario de la Real Academia Española, la angustia se define como un estado de temor opresivo o una sensación opresiva en la región torácica o abdominal, cargada de aflicción, congoja y ansiedad. Estos tipos de síntomas no suelen irse de un momento a otro. Pero, gracias al Señor y a su Palabra, tenemos esperanza cuando la angustia llama a la puerta de nuestro corazón.
Por eso, en primer lugar, es muy importante saber que este sentimiento no es pecado. Es una respuesta normal que sucede cuando estamos atravesando alguna circunstancia difícil. No se trata de que haya falta de fe o de que dejemos de confiar en Dios. Él sabe todas las cosas, y vernos angustiados no lo toma por sorpresa.
Este versículo nos enseña que «en el día de la angustia» Dios es nuestra fortaleza. Y me cautivó esa expresión, como dando por sentado que ese «día» puede, o va a llegar, quizás aun sin buscarlo. Y es allí donde Dios no nos exige ser fuertes en medio de la debilidad; al contrario, Él quiere mostrar su gracia dándonos fortaleza.
Por otro lado, vemos la cercanía y proximidad de la ayuda de Dios. Él no se demora. Él no está ausente ni mira para otro lado. Más bien, se presenta como alguien que acude de forma inmediata para animar nuestra alma. Nos conoce tanto que sabe muy bien en qué momento actuar. Y viene a nosotros de manera personal para que disfrutemos de su cuidado.
Por eso, es oportuno concluir que, cuando experimentamos angustia que nos aflige, también hay fortaleza de Dios que nos levanta y sostiene. Claro que puedes llegar a decir o pensar que «son muchos los días de angustia», pero «cada día» de esos «muchos», sin excepción, en Él está la fortaleza que necesitamos. No para mañana, tampoco para más adelante, sino la fortaleza justa y precisa para hoy.
Bendecida semana.
Pr. Denis.

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