PALABRAS DE FE
“Creí, por lo cual hablé.” - 2 Corintios 4:13
Todos sabemos que las palabras tienen peso; una palabra puede levantar a alguien, traer consuelo, afirmar una verdad o también lastimar profundamente. La Biblia habla mucho de nuestra manera de hablar porque lo que sale de nuestra boca no es algo menor: muchas veces revela lo que está pasando dentro de nosotros.
Por eso es importante preguntarnos: ¿qué significa realmente hablar con fe?
1. Hablar con fe no es crear la realidad
La Biblia enseña que el poder creador pertenece a Dios; el Salmo 33:9 dice: “Porque él dijo, y fue hecho”. Nosotros no somos llamados a decretar lo que queremos, sino a confiar en el Señor. Santiago 4:15 nos recuerda: “Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello”.
La fe bíblica nunca coloca al hombre en el lugar de Dios. El poder creador está en las palabras de Dios, no en las nuestras.
2. Nuestras palabras revelan el corazón
Jesús dijo: “De la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34); por eso importa cómo hablamos. La queja constante, el temor, la crítica o la desesperanza muestran qué está dominando nuestro interior.
También podemos hablar con esperanza, gratitud y confianza, no porque nuestras palabras tengan poder mágico, sino porque expresan dónde está puesta nuestra fe.
3. La fe habla, pero descansa en Dios
Pablo dijo: “Creí, por lo cual hablé”. Primero creyó, después habló.
Daniel 3 muestra esto con claridad. Sadrac, Mesac y Abed-nego dijeron: “Nuestro Dios puede librarnos”, pero también agregaron: “Y si no…”. No exigieron un resultado. Confiaron en Dios, cualquiera que fuera su decisión.
Eso es fe madura.
Tal vez hoy estés atravesando algo que no sabés cómo va a terminar. No necesitás negar lo que sentís ni fingir que todo está bien. Podés reconocer tu temor, tu cansancio o tu incertidumbre y, aun así, elegir hablar desde la fe.
Podés decir: “No sé cómo se resolverá esto, pero Dios sigue conmigo”. “No veo todavía la salida, pero sigo confiando”.
No declaramos la realidad que queremos; confesamos la verdad de Dios en medio de la realidad que vivimos. Y esa verdad nos sostiene, aun antes de que cambien las circunstancias.
Bendecida semana, PP.

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