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 Bajo los cuidados de un pastor suficiente; Un pastor que guía y fortalece.


Aunque ande en valle de sombra de muerte,

no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo;

tu vara y tu cayado me infundirán aliento. Salmo 23:4


El peregrinaje cristiano muchas veces sacude nuestro corazón. La brújula de la vida,

en ocasiones, apunta en direcciones que no teníamos pensado transitar y somos

desafiados a cruzar valles y algunos desiertos. De seguro, tenemos que reconocer

que hay caminos que nunca debimos haber tomado y hay otros en los que tenemos la

certeza de que el Señor nos ha instalado. En ambos casos, siempre hay propósito de

Dios para los suyos.


El salmista, en esta porción de su escrito, nos pone sobre la mesa una cruda realidad:

no todo es color de rosa y existe la posibilidad de atravesar “el valle de sombra de

muerte”, que genera abatimiento del alma, desánimo y confusión; y, por qué no pensar

que estos sucesos inesperados hasta desorientan nuestra fe y visibilizan temores que

nunca pensamos tener.


Los altibajos de la vida y nuestras respuestas a ellos son una clara evidencia de que

somos frágiles: nos quebrantamos rápidamente, aun cuando estamos en la cúspide.

En un pestañear de ojos pasamos de la felicidad al desánimo, de la fe a la

incertidumbre, del gozo a la angustia, y hasta en ocasiones estos cambios

emocionales, en nuestro corazón, pueden desestabilizar nuestra fe, así como le

ocurrió a Elías en la cueva, que deseó morir.


Pero aunque el hombre cambia según cómo se siente, tenemos un Dios que no se

mueve por sentimientos. Él no cambia; su carácter es inmutable y su Palabra

permanece para siempre y nunca pasará.


Por eso, nuestro amado Pastor siempre está examinando el camino de nuestros

pies. Él observa por dónde andamos y sabe la condición de nuestra alma cuando

estamos en ese valle oscuro: sabe de nuestros sentimientos de soledad, tristeza,

angustia y confusión. Nada se escapa de su cuidado.


A Él no le afecta que caminemos en ese valle; más bien, con su presencia desea

afectar nuestra alma para fortalecernos en medio del mismo.


Me gusta mucho la ilustración que usa David de una “sombra de muerte”.

Una “sombra” es una figura que nos persigue, está detrás. Por lo que parece que nos

alcanza o nos tocará, pero no debemos temer, porque si Dios está con nosotros, nos

da la esperanza necesaria para confiar en que Él tendrá cuidado de nuestras vidas.

Su luz alumbrará el oscuro valle y el Sol de justicia nacerá una vez más para

mostrarnos su misericordia y disipar toda tiniebla que nubla nuestra perspectiva de la

vida.


Creo que la clave para salir en victoria radica en la declaración de David, quien no

descansa en sus propias fuerzas ni se enfrenta al valle de manera solitaria. Claro, un

guerrero valiente como él podría decir: “No tengo miedo de este valle, soy fuerte, he

ganado otras batallas”, pero ese no es el corazón de una verdadera oveja. La oveja

entiende que ese valle es parte del camino, pero también entiende que su seguridad

descansa en su Pastor, quien la está acompañando con su presencia de forma

cercana, lo sintamos o no. Él está siempre al cuidado de los suyos.

“No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo.”


El Salmo nos invita a pensar en los momentos cruciales de nuestra vida: si

realmente deseamos depender de Dios o de nosotros mismos.

Una cosa es cruzar el valle sabiendo que Dios está cerca y otra cosa es cruzar el valle

tomando su mano y dejando que Él nos guíe.


Cuando estamos en ese valle, es importante darle el control al Señor y someternos a

su guía. Confiar en Dios es entregarle el timón de nuestra vida, de nuestra situación, y

dejar que Él ahora nos dirija en ese valle y estabilice nuestras ansiedades y temores

con su aliento, y así reordenar cada paso que damos hasta salir adelante.


Cuando esto sucede (darle el control al Pastor), “la vara y el cayado” pasan a ser

nuestros aliados. El Pastor utiliza estos instrumentos para corregir y dirigir a sus

ovejas, y al someternos a la guía del Pastor podremos descubrir nuestros errores,

nuestras malas decisiones y nuestros desvíos del camino correcto. Esto lo hace el

Pastor para redireccionar nuestro andar y cuidarnos de otros errores futuros.


Al valle tal vez entramos tomando malas decisiones, pero podemos salir siendo

direccionados, confortados y con el aliento necesario para continuar la carrera de fe.


● Por favor, medita en silencio y con humildad ante el Señor con las siguientes

preguntas:


  • ¿Estás cruzando el valle con tus propias fuerzas y tu propia guía?
  • ¿No le dejas tomar el control a Dios por miedo a tomar decisiones que requieren cambios?
  • ¿Estás dispuesto a ser corregido y direccionado por el Señor?


“Seré como un pastor que busca al rebaño esparcido. Encontraré a mis ovejas y las

rescataré de todos los lugares por donde quedaron esparcidas ese día oscuro y

nublado.” Ezequiel 34:12 NTV


Bendiciones,

Pr. Denis.

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