Bajo los cuidados de un pastor suficiente: un pastor que nos recibe y una conclusión del salmista.
Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores;
Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando. Ciertamente, el bien y la misericordia
me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días.
Salmo 23:5-6
El salmista, en esta porción de su escrito, nos ofrece otro rol del Señor y en otro contexto.
En un principio habíamos notado la pericia del pastor con la oveja en su peregrinaje de la
vida, protegiéndola ante tantas situaciones que la vida presenta, pero ahora hay una
transición muy significativa: el pastor es un anfitrión que prepara una mesa para degustar
sus bondades.
El hilo del salmo nos ofrece una perspectiva totalmente distinta, pero que a la vez no
desencaja en absoluto con lo anterior. Aquel que cuida, protege, guarda, acompaña, guía y
da seguridad, ahora también se ocupa de preparar una velada reservada que, a primera
impresión, nos invita a pensar en una relación íntima, cercana y gratificante.
El Señor, en su amor, nos dice: no basta con simplemente estar allí contigo en los momentos
difíciles de tu vida; también quiero tenerte conmigo, en mi mesa, y que disfrutes de las
abundantes riquezas que tengo para ti. ¡¿No es asombroso?! En realidad, sí lo es.
Dios no quiere que lo miremos como un salvavidas en las situaciones críticas que
atravesamos; Él quiere que lo contemplemos de cerca, de manera personal, cara a cara.
El corazón de nuestro Señor late por intimidad con los suyos, de modo que quien se sienta a
su mesa pueda estar cautivado y sentirse amado.
La mesa preparada por Él es una muestra de hospitalidad, gentileza y dedicación para sus
hijos. Me hace pensar en una especie de regalo por haber salido en victoria ante los
tormentos de la vida, que son aquellos procesos que el autor ya mencionó en los versículos
anteriores. Él sabe y conoce muy bien lo que hemos atravesado; por eso ahora nos hace
descansar junto a Él, en su presencia. Me hace acordar a las múltiples veces que he ido al
Señor en oración con lamentos, lágrimas y derrotas, pero que allí, en ese lugar íntimo de
comunión, el corazón vacío y frustrado comienza a llenarse, porque Él, con su presencia,
transforma todo.
Allí, en el lugar secreto, es el momento de derramar el alma e inclinar nuestro corazón para
dejar toda carga, toda opresión, y servirnos de su mesa los alimentos espirituales que
levantan y fortalecen nuestro ser. No existe otro lugar que pueda darnos tanto (todo) y
satisfacer nuestra alma como su santa y dulce presencia, la cual enamora, seduce y marca
nuestra historia.
CONCLUSIÓN DEL SALMISTA
Pocas veces encontramos en un escrito bíblico una conclusión en el mismo capítulo; aquí
tenemos una excepción, y claro que para descubrirla de forma eficaz debemos recordar
todo el caudal de pensamiento del autor.
- El Señor es su Pastor y suple todas las necesidades porque Él es suficiente.
- El Señor da descanso, da reposo y lo hace de manera personal.
- El Señor guía y conforta el alma.
- El Señor protege, acompaña y quita el temor; corrige, anima y direcciona con amor.
- El Señor prepara un banquete para los suyos, de modo que quien se sienta junto a Él será bendecido en gran manera.
Es asombrosa la dinámica de nuestro Dios en todo lo que hace por su rebaño, y David,
aparte de describirlo tan bien, en el último versículo se encarga de imponer una respuesta
intencional a tanto amor y cuidado recibido.
En primer lugar, menciona la seguridad y confianza de que las bondades de Dios son reales
en su vivir diario, sin importar la situación (buena o mala) que esté viviendo. El bien de Dios
y su misericordia se han visto a lo largo del Salmo, y ahora David da por sentado que su vida
será perseguida por estas bendiciones. Creo que es muy acertada su expresión, porque, a la
verdad, todos los hijos de Dios, todos los días, necesitamos del bien y la misericordia de
Dios, y estas se expresan continuamente, aunque muchas veces no nos demos cuenta.
En segundo lugar, David, por el hecho de recibir el bien y ver la mano de Dios en todo su
peregrinaje, responde con un deseo intenso de “estar, morar y permanecer” en “la casa de
Jehová por largos días”.
Para muchos que no pueden ver a Dios porque sus situaciones los sobrepasan, se les hace
muy difícil llegar a la casa del Señor, pero David es consciente de que Dios está, estuvo y ha
estado. Esa verdad es el motor que lo impulsa a presentarse en la casa del Señor, su lugar
de encuentro. Llegar a la casa del Señor debe ser intencional para todo creyente al reconocer
la mano de Dios en su vida y estar allí junto al rebaño, celebrando, adorando y magnificando
la grandeza del buen Pastor.
CONCLUSIÓN FINAL
A lo largo de este mes hemos visto en detalle cada aspecto de nuestro Señor como el buen
Pastor, pero la intención no es llenar nuestra mente de conocimiento. Deseamos que en tu
vivir diario puedas experimentar activamente el pastoreo del Señor en tu corazón a través
de todo lo que te va pasando cotidianamente. Es fundamental, en estos tiempos, ser
sensibles al Espíritu Santo en todo aquello que nos amonesta, nos guía o tal vez nos motiva
a tomar decisiones para que el obrar del Señor sea completo.
Pues el Cordero que está en el trono será su Pastor. Él los guiará a manantiales del agua
que da vida. Y Dios les secará cada lágrima de sus ojos. Ap. 7:17
Te comparto esta canción del Salmo 23.
El Señor Es Mi Pastor | Lyric Video Oficial
Bendiciones,
Pr. Denis.

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