Ir al contenido principal

¿EN QUÉ ESPERAMOS?


 Venimos meditando en este mes sobre la importancia de la Palabra de Dios, y quiero detenerme en una expresión del salmista en la lectura de hoy:

«En tu palabra he esperado» (Sal. 119:114b, RV60).

«En tu palabra espero» (Sal. 119:114b, NBLA).

Una expresión tan corta, pero a la vez tan profunda.

El esperar es más que simplemente dejar que el tiempo pase hasta un suceso determinado; el esperar tiene que ver con poner la esperanza en algo o en alguien.

El solo esperar que «el tiempo lo diga» es resignación; el esperar del salmista es esperanza en acción aun cuando todo está quieto o aparentemente detenido.

La «espera» o «esperanza» de este hombre están fundamentadas en un solo elemento: «la Palabra de Dios». Podemos leer acerca de Dios:

«Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta.
Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?» (Nm. 23:19, RV60).

La Palabra, las palabras de Dios, son 100% confiables y dignas de depositar en ellas nuestra confianza. Hay dos «S» que usa el salmista:

«Susténtame conforme a tu palabra, y viviré; y no quede yo avergonzado de mi esperanza. Sosténme, y seré salvo, y me regocijaré siempre en tus estatutos» (Sal. 119:116-117).

«S» de susténtame; «S» de sosténme. Ambas expresiones reflejan a una persona que «se suelta en confianza». Está diciendo: «SOSTENEME VOS, SUSTENTAME VOS, según tus dichos, según tus palabras, SOSTÉNME, y voy a tener verdadera vida».

La Palabra de Dios HOY tiene la misma vigencia y poder que en los días del salmista. La Palabra de Dios hoy sigue siendo tan confiable como al principio. Hoy podemos poner nuestra esperanza no en ilusiones vagas ni simplemente resignarnos, sino descansar y esperar en Él.

Te invito hoy, y en este tiempo, a que te acerques intencionalmente a Dios y a su Palabra. Él desea confortar tu vida y traer descanso. Él desea ser tu esperanza en medio de toda situación.

Bendiciones, PP.

Comentarios

Entradas populares de este blog

CUANDO ESTOY CANSADO    “ Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.” Isaías 40:29 Una de las grandes verdades que podemos notar en la Palabra de Dios es que el ser humano, en su naturaleza, es frágil. Recuerdo, hace muchos años atrás, que dentro del contexto de la Iglesia era mal visto ver a un hijo de Dios cansado o quizás atravesando algún momento difícil. Como que se esperaba que un cristiano estuviera siempre en victoria, con ánimo alto y fuerzas intactas, como si la fe eliminara el cansancio. Lo cierto es que, como creyentes, no podemos ponernos una careta espiritual y fingir que está todo bien, mucho menos cuando por dentro estamos cansados. El cansancio es parte de la experiencia humana, y la fe no nos pide fingirlo. Definir en pocas palabras el cansancio sería como la falta de energía física, emocional y mental para avanzar en la vida, en un deporte o en alguna actividad. Lo más sorprendente es que nadie, al comenzar algo, lo hace pa...
ENFRENTANDO LA TRISTEZA   “Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón, y salva a los contritos de espíritu.” Salmo 34:18 Hay tristezas que se explican fácil: una pérdida, una decepción, una noticia, una etapa difícil; pero hay otras que no sabemos ordenar con palabras. Uno está triste y no siempre puede decir exactamente por qué. Y, a veces, como creyentes, cargamos una culpa extra: pensamos que estar tristes es fallarle a Dios. La Biblia no esconde la tristeza: David lloró, Jeremías lamentó, Ana derramó su alma delante del Señor; Elías se sintió cansado de vivir, y hasta el mismo Jesús dijo: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte”. La fe verdadera no es la que no siente tristezas y niega el dolor, sino aquella que lo lleva todo delante de Dios. El Salmo dice que Dios está cerca de los quebrantados de corazón; no dice que está cerca solamente de los fuertes, de los que siempre sonríen, de los que tienen todo resuelto. Deja bien en claro que Dios se acerca al corazón queb...
ESCALÓN NO ALCANZADO.   LA FRUSTRACIÓN “Maestro, toda la noche hemos estado trabajando y nada hemos pescado” - LC 5:5. En el relato de hoy encontramos a Pedro, un experimentado pescador, lavando las redes luego de una larga noche de trabajo sin resultados; sin lugar a dudas, eran horas de frustración. Pedro no estaba frustrado por perezoso; la frustración muchas veces nos alcanza no por falta de esfuerzo, sino porque hicimos todo lo que sabíamos hacer y, aun así, no vimos resultados. La frustración es esa sensación de malestar, enojo, tristeza o impotencia que aparece cuando lo que deseo, espero o intento no sale como quería, en el tiempo deseado. La frustración duele porque nos muestra la distancia entre lo que queríamos ser y lo que todavía somos. Algo importante a destacar: Dios no desprecia al que todavía está luchando con el escalón no alcanzado. A veces pensamos que Dios solo se agrada cuando damos grandes saltos, cuando cambiamos rápido, cuando mostramos resultados visi...