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UN SALVADOR QUE LLAMA


 A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que

creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son

engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

S. Juan 1:11-13


El Evangelio de nuestro Señor Jesucristo llega a todos lados (S. Mt. 28:19). La noticia de las

buenas nuevas es una semilla que debe germinar y crecer, fructificar y madurar. Muchos

factores intervienen en este proceso; por ejemplo, cuando se interesa usted por Dios,

significa que primeramente la luz de Jesús llegó a usted (S. Juan 9:5) y traspasó todo

impedimento, y llegó el momento en que atienda y responda a este llamado sublime cuando

Jesús toca la puerta.

Hay tres evidencias de que usted tiene a Jesús frente suyo llamándole:

La primera: siente una gran atracción por conocer al Señor.

La segunda: percibe que hay algo más que aún no conoce.

La tercera: que es un tiempo único, donde usted tiene que dar una respuesta.

En la Palabra de Dios dice, de Jesús, el Salvador del mundo, que: “A lo suyo vino y los

suyos no lo recibieron, pero a todos los que lo recibieron les dio potestad de ser hechos

hijos de Dios” (S. Juan 1:11-12a).

Cuando Dios se revela a su vida, cambia el ambiente, la atmósfera espiritual, y su ánimo está

predispuesto para alcanzar una gran novedad de vida. ¿A qué distancia está el Reino de los

Cielos? Apenas a un paso; solamente una decisión puede cambiarlo todo.

Pídale a Dios que le dé sabiduría para dar el mejor paso de su vida, el más importante,

pidiéndole a Jesús que sea Él quien traiga orden y paz a su mundo interior (Hch. 3:19).


Bendiciones, iglesia del Señor.

Pr. Cristian Oviedo desde P. Alta.

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