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ADORANDO AL DIOS SANTO


 Adorad a Jehová en la hermosura de la santidad. Salmo 96:9a


Una de las máximas expresiones de rendición del creyente es la adoración a Dios y,

en verdad, somos privilegiados en poder disfrutar de ella.


La adoración sencillamente se puede definir como un acto de amor, reverencia y

devoción a Dios, motivada por un corazón humilde, y es importante destacar que la

adoración es un tema central para Dios, según vemos en su Palabra.


Encuentro una conexión en el texto citado que en ocasiones se puede pasar por alto.

El salmista resalta en gran manera “la hermosura de la santidad” con el acto de

adorar, y es elemental observar que el autor nos ofrece una perspectiva que

debemos tener en cuenta en nuestros actos de adoración: Él es Santo.


La Biblia NTV traduce este texto de la siguiente manera: “Adoren al SEÑOR en todo su

santo esplendor”.


En la práctica, podríamos decir que contemplar la santidad de Dios nos debe

impulsar hacia la adoración al descubrir la hermosura de su esencia, y considerando

esta verdad, quisiera llevarte a reflexionar pensando en estas 2 preguntas:

1: ¿Tienes en mente su santidad cuando lo adoras?

2: ¿Su santidad te impulsa a acercarte o alejarte?


Nuestro Dios debe ser adorado con pureza de corazón, mente y alma.


Al acercarnos a Él debemos ser conscientes de su santidad y pedirle en humildad

que limpie nuestro corazón de todo pecado (Sal. 19:12), para adorarlo conforme a lo

que Él es (1 Pe. 1:16). Nuestra vida en obediencia y santidad debe rendirle

adoración.


Recordaba que en distintas oportunidades, a lo largo del tiempo, me he encontrado

con múltiples personas (adultas, jóvenes, adolescentes) que confiesan: “estoy en

pecado, y por eso me alejé del Señor”, y de seguro esta misma expresión pudiese

haber atravesado alguna vez por tu mente. Claro que reconocer el pecado es muy

bueno y necesario, pero volverse al Señor es maravilloso y esencial. Cuando estamos

envueltos en pecado, el acto de reconocer no es suficiente; Dios espera que

volvamos a Él (Zac. 1:3). Jesús es nuestro mediador y, por medio de su obra, tenemos

la oportunidad de entrar al lugar santo para la restauración de nuestra alma y

renovación espiritual (Heb. 4:16).


¡No puedes desaprovechar esta oportunidad!


“Adorar en santidad es vivir en la verdad” (S. Juan 17:17)


Bendecida semana,

Pr. Denis.

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