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 APRENDIENDO DE UN ANCIANO


Sé para mí una roca de refugio, adonde recurra yo continuamente. Salmos 71:3a

Creo que si hay algo maravilloso que Dios nos ha dejado en la vida, cualquiera sea nuestra edad es aprender e imitar aquellas virtudes que reflejan a Cristo en los demás. En el pasaje de hoy debemos pensar en una persona de muchos años, experimentada y con múltiples vivencias a lo largo de su vida. Según la información que no ofrece la Palabra quien escribió el Salmo fue un anciano y quisiera que consideremos con atención el fragmento de su oración y aprendamos juntos a tener una vida centrada en Dios.

1. “Sé para mí una roca de refugio”

Lo primero que quisiera destacar es la actitud interna de un corazón humilde y necesitado que anhela encontrar ayuda en Dios. Sabemos que este hombre ha vivido una larga vida y aun en su vejez clama a Dios buscando sostenerse en tiempos de pruebas.

2. “adonde recurra yo continuamente”

En segundo lugar, debemos de tener en mente lo que llamamos el efecto de “causa-consecuencia”, ya que este anciano propone en su corazón recurrir a Dios porque ha encontrado primeramente en Dios su refugio.

Pienso en un animal y cuan peligroso puede ser no haber encontrado un refugio para la preservación de su vida. Pero el salmista quiere hacernos notar algo distinto y es que él ha determinado en su corazón que Dios sea su refugio y de esa manera recurrir a Él continuamente. La decisión de este anciano es una clara muestra de rendición a Dios y deseos de no buscar “ciertos refugios” en otras cosas. La experiencia de vida de este hombre lo ha llevado a dejar su confianza solo en Dios.

Cuando todo parece perdido y ya no hay fuerzas debemos tener esta misma actitud. Cuando Dios se convierte en nuestro refugio somos recibidos continuamente. En tiempos de tormentas, peligros, adversidades o simplemente porque todo va bien podemos hacer que nuestro corazón encuentre descanso, consuelo y guía en nuestra roca fuerte que siempre nos recibirá para que nuestra alma encuentre aliento y nuestros pies permanezcan firmes a pesar de los temblores. Sal y apártate de aquellos “refugios débiles” donde has depositado tu ansiedad y preocupaciones.

Decide sabiamente recurrir a Dios cada día y espera en su obrar. Tenemos un refugio, vayamos hacia él. Bendecida semana, Pr Denis.

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