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EL LAZO ENTRE LA AFLICCIÓN Y LA ORACIÓN


 ¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. Santiago 5:13a

En la palabra de Dios encontramos infinidad de oraciones y de distintas personas y en múltiples circunstancias. No caben dudas que Dios nos ha dado uno de los recursos de Gracia que podemos utilizar en todo tiempo, en todo momento y ante cualquier circunstancia (buena o mala). Como creyentes tenemos la bendición de acercarnos a Dios y buscarle en oración.

Me impacta la idea que presenta Santiago en su carta al decirnos que la oración debe ser el resultado de la aflicción. Esta idea muchas veces se contrapone a nuestra vida práctica de fe, ya que generalmente en tiempos de aflicción solemos preguntarnos ¿por qué?, quejarnos, etc. Evidentemente, Santiago nos propone un solo camino y nos dice que si nuestro corazón está afligido entonces lo único que hay que hacer es ORAR. A simple vista podemos pensar que estas palabras son muy frías y tajantes, pero a la verdad es el mejor consejo que hemos de recibir, ya que nuestras oraciones son dirigidas al Dios soberano.

La oración es el recurso que ofrece Santiago, pero el objetivo principal de ella es mostrarnos a quien nos dirigimos y Dios es la respuesta ante la aflicción. Resuenan mucho las palabras del Señor Jesús afirmando que en este mundo tendremos aflicciones (S. Juan 16:33) y tenemos su gran ejemplo cuando atravesó el momento más oscuro y de mayor aflicción en su vida elevando oraciones a su Padre.

Alguien dijo: “Si Jesús necesito orar cuánto más nosotros debemos hacerlo.”
Démosle gracias a Dios por este recurso inagotable que nadie puede obstruir ni derrocar a excepción de nosotros mismos. Vayamos en oración al Dios de toda consolación y misericordia (1 Cor. 1:3). Experimentemos la verdadera comunión con nuestro Padre amoroso que nos espera dispuesto a escucharnos y sostenernos.
Ruega su intervención divina ante aquello que te aflige, descansa en sus brazos y mientras esperas su respuesta sigue orando, no tires la toalla de la oración.

Las aflicciones del tiempo presente son un gran puente para rendir nuestras vidas a Dios en oración.


Bendecida semana, Pr Denis.

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