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MISERICORDIA Y VERDAD


 

Nunca se aparten de ti la misericordia y la verdad; Átalas a tu cuello, Escríbelas en la tabla de tu corazón. Proverbios 3:3


Seguimos meditando, con la ayuda del Señor, en el capítulo 3 de Proverbios desprendiendo principios prácticos para modelar nuestra fe.

En este breve texto encontramos un énfasis rotundo y persuasivo sobre la importancia de retener la misericordia y la verdad en nuestras vidas de tal modo que el autor dice prácticamente lo mismo de tres maneras diferentes.

1. Nunca se aparten de ti

2. Átalas a tu cuello

3. Escríbelas en la tabla de tu corazón

Estas repeticiones tienen la intención de que un hijo tenga en mente el valor de lo que su Padre le está mandando. No caben dudas que Dios espera nuestra máxima atención sobre este asunto.

La misericordia es un atributo de Dios, es parte de su esencia y esta virtud cuando la ponemos en práctica nos permite asemejarnos a su carácter. Generalmente esta palabra está relacionada con el amor, la bondad y la compasión.

La verdad es otro atributo de Dios. Jesús dijo que era la verdad, y no solo eso sino que les dijo a sus discípulos que cuando él ascienda a los cielos enviará al Espíritu de verdad con el fin de que el Espíritu de verdad nos guíe hacia toda verdad. “La verdad” que el texto nos señala es la veracidad de nuestra vida (fidelidad, responsabilidad, lealtad, ejemplo, conducta, transparencia) y para llevar adelante este tipo de carácter debemos vivir bajo la verdad de Dios.

Pero lo más hermoso de la instrucción es que ellas deben estar amarradas, juntas e inseparables. Muchas veces actuamos solo con la verdad y la misericordia brilla por su ausencia, o tal vez somos misericordiosos, pero no aplicamos la verdad y encuentro en este consejo un equilibrio perfecto, el cual nos motiva a que tanto la misericordia como la verdad puedan estar retenidas y guardadas en nosotros para ejecutarlas en nuestra vida de una manera sabia. Un ejemplo práctico lo encontramos en la parábola del buen samaritano, y aunque todos, los que oían esta enseñanza del maestro, esperaban que los sirvientes de la casa de Dios fueran movidos a misericordia y actúen en verdad (fidelidad a la vida que profesaban), ellos no lo hicieron así y de esta manera reflejaron la ausencia de estas virtudes.

Por esta misma razón podemos decir que no se trata solamente de escuchar y saber lo que hay que hacer, sino más bien debemos de practicar en lo que somos instruidos.

La idea de que estén “atadas a tu cuello” es que las puedas exhibir en todo lugar.

La idea de que las “escribas en la tabla de tu corazón” es que las tengas en mente todo el tiempo como algo que te pertenece y nadie puede sacarlo de ti porque es parte de tu ser.

Que Dios nos ayude, Fuerza. Pr Denis.

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