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SIN COMPARACIÓN


 

«¿A qué, pues, me haréis semejante o me compararéis? Dice el Santo». ISAÍAS 40.25


A lo largo de nuestro crecimiento, una de las cosas que solemos practicar aun sin darnos cuenta es la comparación. El niño compara sus juguetes con los de un amiguito, la adolescente compara sus características físicas con compañeras, el joven compara su capacidad de comunicarse con aquel que es popular y de fáciles palabras. Se compara lo que se tiene con lo que tiene otro, los logros propios con los de conocidos. Los hijos comparan a sus padres con los de sus amigos; en la vida matrimonial muchas veces se compara al cónyuge con otra persona y en la Iglesia el desarrollo propio con la de otro hermano.

Una frase popular dice: «el pasto del vecino siempre es más verde»; estas comparaciones por lo general (aunque verdaderas) no suelen llevarnos a un lugar de crecimiento, sino que más bien llevan a la persona a la frustración, a la envidia, a menos preciarse y a tomar decisiones incorrectas en la vida. La comparación o nos tira abajo y debilita o hace crecer el orgullo y los aires de superioridad, ningún extremo de estos son buenos.

Podemos ver en esa manía de comparar que, en medio de circunstancias, dificultades, podemos también comparar a Dios con lo que ven nuestros ojos. En el pasaje vemos a Dios mismo llamando la atención y haciendo una pregunta: «¿Con qué me estás comparando?»; es más, ahí nomas él desafía:

«Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó estas cosas; él saca y cuenta su ejército; a todas llama por sus nombres; ninguna faltará; tal es la grandeza de su fuerza, y el poder de su dominio» ISAÍAS 40.26.

El pueblo estaba mirando su propia realidad y pensaba dentro de sí: «Dios es chico, Dios se olvidó, Dios está lejos»; Dios le cambia el punto a observar, es como si los tomara del mentón y les levantara la cabeza, ya no miren el piso, miren el cielo y recuerden que YO creé todo eso, ese es su poder.

NO te compares, el propósito no es tener lo que tiene el otro, eso no te hará completo. La verdadera realización está al verte a vos mismo según el plan y diseño de Dios, es como si Dios te tomara del mentón y te dijera personalmente: «Mírame a mí».

Quizás las situaciones son tan grandes o los tiempos tan demorados que el pensamiento es: 

«Mi camino está escondido de Jehová, y de mi Dios pasó mi juicio. — ISAÍAS 40.27

Dios no solo los llevó a enfocarse, sino que también les habló como a vos que estás leyendo estas palabras:
«¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance. Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán. — ISAÍAS 40.28-31

No te compares, no lo compares, Dios sigue estando en control y tiene lo mejor para tu vida. No desees el pasto verde del vecino, da gracias por tu jardín, aunque tenga menos flores.

Mira al Señor y reconoce su poder y fidelidad. Bendecida semana. Pr Pablo

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