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SI QUIERES, PUEDES.


 

Nos detenemos hoy en uno de los milagros de Jesús en Lucas 5. Vayamos leyendo la historia y observando algunos puntos:

«12 Sucedió que estando él en una de las ciudades, se presentó un hombre lleno de lepra, el cual, viendo a Jesús, se postró con el rostro en tierra y le rogó, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme».

Encontramos a Jesús como era normal en aquellos días recorriendo las ciudades y necesitados acercándose a él, pero particularmente se destaca a un hombre lleno de lepra.

La lepra era una enfermedad frecuente de aquel tiempo que dañaba fuertemente el cuerpo de la persona, pero no solo eso, sino que afectaba toda su vida social. En la actualidad aún está presente en varios paises, principalmente en África y el sureste Asiático. Quienes la padecían eran separados, aislados y hasta considerados malditos.

En medio de esa vivencia este «hombre lleno de lepra» se presenta a Jesús de manera muy particular:

  • Primero: se postró: es decir, se arrodilla esa actitud era una señal física (externa) de reconocimiento de que estaba ante alguien de gran importancia.

  • Segundo: le rogó: esto tiene que ver con la forma de sus palabras, él «pide» expresa una necesidad profunda.

  • Tercero: le llamó Señor: no solo se postró físicamente o con una acción externa, sino desde su interior le llama Señor.

  • Cuarto: él le dice si quieres; puedes: el necesitado no le reclama lo que él quiere sino que claramente prioriza lo que Jesús quería; pone la voluntad de Jesús delante de la suya, pero no solo eso, sino que reconoce una verdad fundamental «VOS PODES».

Un equilibrio perfecto entre el reconocimiento de quien era Jesús, su voluntad y de su poder. En tiempos donde se reclama con vehemencia encontramos a este necesitado (muy necesitado) yendo al lugar correcto, de la manera correcta y con las expectativas correctas.

Jesús no quedó ajeno a la acción de este varón, sino que actuó:

«13 Entonces, extendiendo él la mano, le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante la lepra se fue de él».

Sin lugar a dudas este era el día de bendición para ese «hombre lleno de lepra»; lo primero que hizo la diferencia fue el toque de Jesús, ¡Jesús lo tocó!, la gente corría y se alejaba de se ese hombre «lleno de lepra», Jesús no se asombro de su estado, Jesús lo toco.

Luego de ese toque él oyó la voz de Jesús diciendo: «Quiero», me imagino que estaba cansado de desprecios; de «no» en su vida pero ahora es un sorprendente «Si, quiero»,

Por último, el obrar de Jesús no quedó en una simple buena intención sino que fue acompañado de la expresión «sé limpio». Ese día fue su día, era el día de bendición. Ante las palabras de Jesús toda realidad debe obedecer y asi fue: «instantáneamente la lepra se fue».

Como hombre y mujeres podemos querer, desear, necesitar tantas cosas, pero las más profundas no tenemos el poder de lograrlas con nuestras fuerzas; podemos reclamarlas a Dios, exigirlas y aun así la mano de Dios no va a moverse en nuestro favor.

Este «hombre lleno de lepra» se acercó a Jesús con una actitud de reverencia, de reconocimiento y de certeza de su poder.

Que hoy en medio de las situaciones que estás viviendo, estés lleno de lo que estés lleno, puedas acercarte a Jesús de la manera correcta, priorizando su voluntad y con la plena seguridad que él puede hacerlo, no lo dudes.

Muchas bendiciones, PP.


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