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EL MENSAJE ES MÁS IMPORTANTE QUE EL MENSAJERO




Por lo demás, hermanos, orad por nosotros, para que la palabra del Señor corra y sea glorificada, así como lo fue entre vosotros. 2 Tesalonicenses 3:1


Continuamos con la misma temática acerca de la Palabra de Dios en este mes de Septiembre considerado el mes de la Biblia y hoy nos centraremos básicamente en la idea que sugiere este versículo escrito por Pablo e inspirado por el Espíritu Santo.
El apóstol Pablo le estaba pidiendo a la Iglesia que oren por él y por aquellos que estaban proclamando el mensaje del Señor. Cuán importante es orar en esta dirección y con este clamor de llevar la palabra del Señor por donde Él quiera para que se pueda anunciar con temor, temblor y reverencia. Sin lugar a dudas que todo aquel que tiene la posibilidad de anunciar el evangelio (no hace falta estar encima de una plataforma) debe hacerlo con sabiduría y objetividad según es anunciada en la Palabra de Dios.


HAY UNA GRAN DIFERENCIA EN HABLAR DE DIOS Y ANUNCIAR SU PALABRA. En muchas ocasiones esto no se sabe apreciar bien, ya que podemos dar a conocer o
decir que somos de Dios y mostrar muchos argumentos, pero no precisamente estamos anunciando su palabra, su evangelio. Algo que nos puede ayudar a ilustrar esta idea puede ser lo siguiente: Consideremos a una persona que le habló de Dios a otra y le contó “cuántas cosas ha hecho Dios en su vida, cuántas cosas ha logrado con Dios y como Dios le ha bendecido”, sin lugar a dudas esta persona le hablo de Dios, pero no anunció su palabra. El objetivo de Pablo no era anunciar las cosas buenas que Dios había hecho en él o los logros que obtuvo con Dios, más bien era anunciar el evangelio de Jesucristo para el arrepentimiento y perdón de pecados porque de este modo es anunciada la palabra del Señor (la gran comisión) y si Dios permite que esta persona llegue a la familia de la fe, sus intereses mayores serán en entregar su vida a aquel que, primeramente, entregó su vida por ella y no le seguirá solamente por aquello que Dios le puede dar. Es esencial para cada creyente que pueda anunciar la palabra del Señor porque de esta manera todo aquel que recibe este mensaje podrá tener conocimiento de su vida, de pecado y al mismo tiempo encontrarse con el perdón y salvación que otorga el mensaje. Por otro lado, podemos agregar que cuando anunciamos su palabra, ella en sí sola es suficiente para hacer la obra de Dios y no necesita ninguna añadidura o estrategia humana. El mensaje es su evangelio y es poder de Dios para todo aquel que cree, por ende este mensaje no necesita nada más de nuestra parte porque Dios utiliza su palabra y no la nuestra.


EL MENSAJE DEBE CORRER siempre y no detenerse, esta idea del apóstol tiene que ver con que la palabra de Dios sea anunciada por todas partes y avance de modo que todos puedan ser alcanzados con este precioso mensaje y esta palabra pueda obrar en otros como el efecto que tuvo en la Iglesia de tesalónica. Somos mandados a seguir moviendo este mensaje para hacerlo correr cada vez más y la Iglesia con sus fieles tienen la responsabilidad de proclamarlo hasta lo último de la tierra. Hoy nos toca ser protagonistas en llevar este evangelio como una antorcha encendida en un mundo cegado y atrapado por las tinieblas, hay que clamar a gran voz que el reino de los cielos se ha acercado y pasar la posta de persona a persona que en el Señor Jesús y su obra en la cruz hay salvación.


EL FIN DEL MENSAJE ES QUE SU PALABRA SEA GLORIFICADA y esto debe ser prioritario en todos aquellos que proclamamos este maravilloso evangelio, pero lamentablemente, podemos visualizar que existe una idea distinta a la que el pasaje de hoy nos señala de tal manera que en ocasiones la gloria es atribuida a los hombres y no al mensaje en sí mismo. Esto es un grave error y peligro, ya que al hacerlo de cierta manera estamos menospreciando la palabra de Dios y dándole más valor a quien la proclama, sin embargo, esto no debiera ser así. Pablo tenía bien claro este concepto y su mayor deleite no se encontraba en que él sea aplaudido o reconocido por su gran oratoria, elocuencia o influencia, sino que su mayor propósito y deleite era honrar a Dios por medio del mensaje anunciado y de esa manera la palabra del Señor sea glorificada. El mensaje es lo esencial y lo que nunca se tiene que negociar, cuando el mensajero pasa a ser más importante que la palabra de Dios quiere decir que hemos dejado de glorificar a Dios y su palabra para darle gloria al hombre y esto es preocupante en el ambiente de la cristiandad.


LA PALABRA DE DIOS ES GLORIFICADA cuando está centrada en Cristo y no en el hombre, el mensaje debe ser dado con fundamentos bíblicos escriturales de modo que quienes escuchen puedan encontrar veracidad en nuestras palabras al escudriñar las escrituras como hacían aquellos hermanos de Berea que se menciona en el libro de los Hechos. Si proclamamos verdaderamente la palabra de Dios podemos estar seguros y tranquilos que hemos realizado bien nuestra labor, es por eso que debe existir la necesidad de conocerla en profundidad y escudriñar para un mayor conocimiento y compromiso en ella. Esta expresión también nos puede hacer pensar que para Dios es muy importante que su palabra sea glorificada cuando es anunciada correctamente, solo ella debe llevarse toda gloria porque realmente proviene de su propia boca y cuando ella es glorificada en consecuencia también Dios es glorificado y Dios no comparte su gloria con nadie.


PARA FINALIZAR te invito a responder a este pedido del apóstol y orar por aquellos que tienen la responsabilidad de predicar la palabra de Dios, aunque debo aclarar que todos fuimos llamados a hacerlo, para que podamos ser fieles a ella y compartir este mensaje correctamente para la gloria de Dios y la gloria de su palabra.


Bendiciones, Pr Denis


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