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UNA SEMANA MUY ESPECIAL



«¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?; No está aquí, sino que ha resucitado.» 

 LUCAS 24.5-6

Esta semana aquí en Argentina es especial para muchas personas, ya que algunos tienen dos feriados, otros uno; se habla de que se hará en esos días, del precio del pescado, del aumento de los huevos de pascua y la tradicional rosca, pero nada tiene que ver con lo que dio origen a lo que llamamos Semana Santa.

La Semana Santa comenzó un domingo con la entrada triunfal de nuestro Señor Jesucristo a Jerusalén por última vez (Mr. 11:1–10), en verdad entro en un simple burrito, pero la multitud lo aclamaba de manera muy especial.

Esa semana se produjo el evento de la limpieza del templo (Mr. 11:15–19), distintas charlas de Jesús y llegamos a la Última Cena que fue retratada por Da Vinci, eso ocurrió el jueves, ese día no solo cenaron y compartieron la Pascua Judía, sino que Jesús mismo lavó los pies de sus discípulos.

Mientras algunos hicieron buenos negocios (Judas), Jesús se retiró a un huerto para orar al Padre, se llevó a tres amigos que se durmieron. Esas fueron horas muy duras para Jesús, entender lo que había por delante, dejar de lado su voluntad para hacer caso al Padre.

En ese mismo Huerto fue buscado como si fuese un peligroso maleante, desde ahí vivió horas de preguntas, golpes, torturas, de pocas palabras y muchos sufrimientos. La multitud eligió soltar a un reconocido asesino y gritaron respecto a Jesús: «crucifícale, crucifícale».

Luego de más golpes comenzó un largo camino cargando hasta donde pudo su propia cruz. En la cima de un monte fue puesto bien en alto sobre una cruz, ahora sus compañeros eran dos ladrones que correrían la misma suerte, la muerte.

Fueron horas largas, la multitud se burlaba, una corona de espinas en su cabeza, sus manos atravesadas, una esponja con vinagre en su boca, una lanza atravesó su costado y a la hora indicada desde la eternidad pasada exclamo a gran voz: «Consumado es» y allí entregó su espíritu, murió.

Muchos lloraban, otros sentían tranquilidad que este revolucionario ya no caminara más por esas calles ni pisara sus sinagogas, el diablo mismo celebró esta gran victoria.

Pero lo más importante de esta semana tan especial, la Semana Santa, no es lo ocurrido en el día a día, sino que la fría cueva, los vendajes que era costumbre usar ni siquiera la misma muerte pudieron retener al Jesús muerto, pasado el tiempo se cumplió la promesa escrita en la Palabra que Él resucitaría.

La gran victoria de la fe cristiana es que Jesús nació, murió, pero resucitó para que todo aquel que crea en Él no se pierda y tenga vida eterna.

En esta semana tan especial, más allá de lo tradicional, recuerda que lo más relevante es que Jesús murió por tu vida de manera voluntaria para que tengas paz con Dios.

Bendecida Semana Santa, Pr Pablo.



 

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