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UN CORAZON NECESITADO

 



«No me eches de delante de ti, Y no quites de mí tu santo Espíritu. Vuélveme el gozo de tu
salvación, Y espíritu noble me sustente». Salmos 51:11-12


No hay mayor angustia y tristeza en el creyente que aquella que provoca el pecado, ese
sentimiento de culpa y suciedad. La congoja envuelve a tal punto que empezamos a perder
poco a poco esa pasión y anhelo por Dios. Paulatinamente vamos dando lugar al pecado y
por ende perdiendo nuestra comunión con Él. Como consecuencia, cuando el pecado está
señoreando nuestras vidas, tendemos a aislarnos y distanciarnos de todo lo relacionado a
su causa (Iglesia, hermanos, actividades,etc). Es como que el pecado nos desestabiliza y
anestesia hacia todo lo relacionado a Dios. Lamentablemente cuando más necesitamos,
más nos alejamos!


El salmista estaba padeciendo estas consecuencias en su vida, se había llenado de pecado
y estaba vacío de Dios, lejos de poder sentir su presencia. La sensación en su oscuro
corazón y la conciencia en su mente (culpa) se convirtió en una barrera al momento de
acercarse a Dios. Era tal su necesidad de Dios que decidió acortar distancia aunque pensó
que merecía ser echado de su presencia; “No me eches de delante de ti” pero más allá de
ese pensamiento (real), no fue un impedimento ni tampoco se convirtió en una excusa para
correr al Señor y derramar su corazón.


La necesidad de David era interna. Algo que había perdido en lo más profundo de su ser
como lo es “el gozo de su salvación” y la posible ausencia de la presencia de Dios en su
vida “Y no quites de mí tu santo Espíritu”. Ningún hijo de Dios se puede permitir convivir con estos sentimientos en su corazón. Esta sensación es un malestar espiritual de
intranquilidad, una amonestación profunda y constante que resuena en nuestra mente
impulsándonos a volver a Dios.


NECESITAMOS volver a presentarnos ante nuestro Dios, NECESITAMOS romper la barrera que el pecado ha levantado y recobrar fuerzas, gozo y plenitud. Es necesario salir de ese pozo oscuro y rendirnos a ÉL una vez más. Nunca olvides que el verdadero hijo vuelve a la casa de su Padre para ser consolado, restaurado y disfrutar de su cercanía, como lo hizo
aquel hijo pródigo en el momento que pudo recapacitar “volvió en sí” y en arrepentimiento
dijo: “me levantaré e iré a lo de mi Padre” (Lucas 15:18).


La NECESIDAD primaria del creyente es volver hacia el corazón de Dios, a pesar de lo que
hemos hecho. Esta decisión personal se basa y sustenta en aquel que pagó el precio y nos
dejó acceso a su presencia aun cuando consideremos que no merecemos nada de Dios
(NO se trata de lo que pensemos o sintamos, se trata de su sacrificio suficiente).


Cuando menos crees que mereces, es cuando más abunda su Gracia.

«pero si bien el pecado se hizo fuerte, el amor de Dios lo superó». Romanos 5:20b (TLA)


Un fuerte abrazo, Pr Denis.



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