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 EL ENOJO


«Pero ahora abandonen también todo esto: enojo» COL 3.8a

Hoy nos detenemos en una cosa que todos experimentamos, «EL ENOJO»; todos nos enojamos, según nuestro carácter actuamos de distintas formas, algunos rápidamente cambiamos de tema, se conversa y se sigue; a otros le lleva quizás días el superarlo. Esto hablando de las situaciones normales de la vida, pero hay enojos que hacen perder la cabeza, eso dijo el sabio:

«No dejes que el enojo te haga perder la cabeza. Sólo en el pecho de los necios halla lugar el enojo». (ECL 7.9)

El enojo es una emoción tóxica, que cuando echa raíces altera el estado general de ánimo, la forma de vivir el día a día, hasta cambia las expresiones del rostro.

Por eso el mismo sabio expresó:

Echa fuera de tu corazón el enojo. Aparta de tu ser la maldad. Porque la adolescencia y la juventud también son vanidad (ECL 11.10).

El conocido pasaje de Efesios (4.26) también nos dice:«Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo»; nos aconseja a sacarlo rápido, hoy mismo.

Hay enojos retenidos que se viven como un acto de justicia, “tengo razón” por una determinada vivencia y mantengo ese enojo por años. Si dejo de estar enojado (y mostrarlo) libero al culpable y es «responsable», no lo merece.

Quizás “tengas la razón” pero el enojo ata y limita quien lo siente. El enojo limitas las relaciones matrimoniales, padre – hijo, familiares, de amistad, el desarrollo personal y hasta espiritual.

El que mantiene el enojo abrazado va perdiendo y sembrando mal en la vida por eso somos desafiados a ABANDONAR el enojo, es decir, es nuestra responsabilidad el trabajar en que no gobierne nuestras vidas, la forma ir a Jesús, soltar perdón (el mismo que recibimos de Él) y no dejarnos gobernar por él.

Puede parecer algo difícil, lleva su trabajo porque demanda nuestra entrega al Señor. Te desafío en esta semana que medites en tu corazón si hay enojos clavados, los enfrentes y los saques con la ayuda del Señor.

Bendecida semana y de victoria sobre esas cosas que no permiten vivir la plenitud de la vida, una de ellas el enojo. Bendiciones; Pr Pablo

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